Realidades y desafíos en las escuelas especiales o con PIE en Chile

Por Florencia Plá


Inclusión escolar-escuelas especiales

Inclusión escolar. Foto: MINEDUC. Vía Mineduc.cl.


Los/as estudiantes con discapacidad , ya sea transitoria o permanente, y los docentes se ven enfrentados a distintas realidades en sus escuelas.

El Sistema de Educación Especial (PIE) en Chile cuenta con dos opciones para sus estudiantes: una son las escuelas especiales, que atienden a niños/as con alguna discapacidad sensorial, intelectual y motora. Por otro lado, existen los establecimientos con Programas de Integración Escolar (PIE) para quienes presentan dificultades de aprendizaje o discapacidades transitorias. Algo que comparten ambas es que se está en un trabajo constante a mano de la familia de cada alumno(a) para que puedan ayudarlo en su proceso de aprendizaje.

Camila Ponce, docente de la escuela y fundación Artesanos de la vida, ubicada en la comuna de Renca, comenta que en las escuelas especiales se presenta una dinámica de dos jornadas, una en la mañana y otra en la tarde, donde grupos entre 8 a 9 niños van pasando por diversas salas y tienen clases de 45 minutos. En la primera se realizan actividades escolares e interacción entre estudiantes, donde conversan entre sí, se dan cariño y hacen juegos de encaje. A la segunda jornada asisten principalmente niños(as) con un TEA (Trastorno del Espectro Autista). Consiste en una clase de 35 minutos donde se fomenta aún más la interacción entre pares. En ambas deben asistir junto a los padres, ya que ellos son los que efectúan las mediaciones a sus hijos(as) y la docente solo debe ir guiando el proceso educativo.

Dentro de la escuela donde trabaja Camila se atienden a niños y niñas con Síndrome de Down, que a veces también poseen diagnósticos de TEA, Síndrome de Eva, Síndrome Rett, además de los estudiantes con dificultad para movilizarse ya muy avanzada. Junto a Camila trabajan una profesora general básica (lenguaje y matemáticas), dos kinesiólogos, una fonoaudióloga y una terapeuta ocupacional que se une a las clases de la tarde y en la mañana solo está de apoyo en las diversas aulas. Además, cuentan con el apoyo que entrega la subvención del Estado y las colectas que lleva a cabo la directora de la escuela. Gracias a la participación que obtuvieron estas iniciativas se logró que se instalaran dos aires acondicionados dentro del recinto.

Algo que diferencia a estas escuelas de las que contienen el PIE es el tipo de diagnóstico de los estudiantes, ya que en su mayoría son permanentes y no se puede ir tratando con el paso del tiempo. “En estas escuelas uno de los mayores logros que se consigue es que alumnos o alumnas con autismo puedan asistir a un colegio regular que cuente con el Plan de Integración Escolar” comenta la docente. Por otro lado, estos establecimientos atienden a alumnos(as) desde los 2 años hasta los 26 y se les debe enseñar con una base curricular de educación parvularia, debido a sus edades mentales y capacidades. Dentro de este establecimiento asisten estudiantes de bajos recursos, a quienes sólo se les hace un cobro de $20.000 por la matrícula y útiles de aseo que serán utilizados durante el año.

La dinámica que se presenta en colegios con PIE, según lo comentado por la profesora diferencial Bárbara Astorga, quien trabaja en el colegio Bicentenario Santa María de Paine, es que en las salas de clase la educadora diferencial le entrega apoyo al curso y al profesor a cargo, principalmente a los alumnos que contengan alguna discapacidad. Trabaja a la par con el profesor en sala en las asignaturas principales como Lenguaje, Ciencias, Matemáticas e Historia. Generalmente se realiza un monitoreo y se analizan las bases curriculares para las pruebas de cada niño(a) dependiendo de sus capacidades. Por curso hay alrededor de 5 a 7 estudiantes con diagnósticos TEA, de discapacidad intelectual, dificultades específicas y trastornos de déficit atencional (diagnósticos de carácter transitorio). En total en el recinto son 45 matriculados.

Al igual en las escuelas especiales, reciben una subvención del gobierno, la cual va dependiendo de la cantidad de alumnos que reciben y del diagnóstico. El costo es más alto porque se necesitan de más profesionales que trabajen con ellos(as), ya sean psicólogos, terapeutas ocupacionales y fonoaudiólogos.

Durante la pandemia, ambas docentes trabajaron de manera online con sus estudiantes. La docente se unía a las clases de la profesora de asignatura para poder apoyar el trabajo de los estudiantes y luego se realizaba una terapia con cada uno en un horario establecido, durante el cual se realizaban actividades como leer, hacer ejercicios de matemáticas, conversar, etc. En las escuelas especiales, en cambio, se realizaba un monitoreo constante. Se mantenía el contacto con los padres y se hacían reuniones por Google Meet de 45 minutos, en donde se realizaban pequeñas actividades como la rutina del saludo y despedida. Además, se enviaban guías y cápsulas de videos donde se explicaba lo que debían hacer y qué cosas se le podían preguntar al niño(a).

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